Veinte años para una tabla
Cola de tabla de surf construida en paulownia, con quillas gemelas y acabado en resina

WOODKIT.PRO · Paulownia

Veinte años para una tabla

Esta madera no empezó en un almacén. Empezó en 2006, en una barra de arena del nordeste de Brasil, con un árbol que en Europa todavía casi nadie miraba.

2006 · Barra dos Remédios, Camocim

Un terreno de más de ochenta hectáreas en Camocim, en el estado brasileño de Ceará, con un gran lago salino en el corazón. No se podía construir sobre él por riesgo de inundación: había que levantar en altura, sobre estacas. Y para eso hacía falta madera propia.

Buscando bambú apareció otra cosa: un árbol milenario al que llamaban el árbol Fénix, por su capacidad de regenerarse después de cada corte. Era la paulownia. Crecimiento muy rápido, densidad extraordinariamente baja y una versatilidad poco común como madera.

Lago salino de aguas turquesa con una lengua de arena, dunas y manglar al fondo, en Barra dos Remédios

El terreno y el lago salino. Barra dos Remédios, Camocim, Ceará.

2012 · La primera plantación

En Europa no había paulownia cultivada. La poca que se usaba se importaba de China, y quien la usaba no explicaba demasiado por qué: la ventaja sobre muchas maderas convencionales era demasiado buena para hacer ruido.

La decisión fue no importarla, sino cultivarla aquí. Entre 2010 y 2011 llegaron los estudios de viabilidad, las visitas a laboratorio y la búsqueda del material vegetal: un vivero multiplicador de especies leñosas acababa de desarrollar un clon de paulownia para clima mediterráneo. Con él se plantó, en 2012, la primera plantación agroforestal: treinta hectáreas.

Regenerar campos abandonados, cultivar madera como se cultiva un fruto y quitar presión a los bosques. Esa era la idea. La teoría cabía en una frase. La realidad tardaba ocho años.

Miles de plantones de paulownia en bandejas dentro de un invernadero de vivero

El clon mediterráneo, multiplicado en vivero antes de salir al campo.

Campo agrícola arado y vacío, tierra roja, con mesetas al fondo El mismo campo plantado de paulownias jóvenes, en hileras, con una persona de pie entre ellas para dar escala

El mismo campo. Antes, y con las paulownias ya en hilera.

La espera

Ocho años es el mínimo entre plantar y poder cortar un árbol para vender un solo metro cúbico. Ocho años sin producto, sin catálogo y sin cliente. Solo plantar, cuidar y esperar.

Lo que compensa esa espera es lo que le da nombre al árbol: se corta y vuelve a brotar de la misma cepa. No hay que replantar. El mismo tocón devuelve madera otra vez en ocho o diez años.

Tocón de paulownia cortada con un tronco nuevo ya crecido a su lado, en la misma cepa

El tocón cortado y el tronco nuevo, en la misma cepa. Por esto lo llamaban el árbol Fénix.

Marzo de 2016 · La primera madera

Lo primero no fue vender. Fue caracterizar: entender exactamente qué madera se estaba cultivando y si servía para algo más que para estar de pie en una finca. Servía.

En marzo de 2016 la primera tala entró en un aserradero industrial y salió de allí el primer stock real: los primeros metros cúbicos de paulownia cultivada en Europa. Veinte árboles cortados, ninguna infraestructura propia todavía, y un mercado industrializado esperando delante.

Camión maderero cargado con troncos de paulownia, listo para salir hacia el aserradero

El primer camión que salió de la plantación camino de un aserradero industrial.

Pilas de tabla de paulownia aserrada con canto vivo, apiladas para secar

Y la madera que volvió de allí: la primera partida, aserrada en bruto y apilada para secar.

Abril de 2016 · Seis semanas después

No fue a la construcción. Fue a una tabla de surf.

Seis semanas después de existir el primer stock, esa madera ya estaba saliendo hacia un taller de tablas de surf.

Llegaban peticiones de medio mundo y no había con qué atenderlas. Los únicos a los que sí se podía abastecer, con aquella producción mínima, eran pequeños shapers y artesanos. Uno de ellos, un taller del Reino Unido que construía tablas de madera a mano, de una en una. Con aquella paulownia salieron estas tablas.

Albarán 041 · 29 de abril de 2016 · envío de paulownia europea a un taller de tablas de surf.

“Ligera, resistente al agua, fuerte, renovable y respetuosa con el medio ambiente: es la madera ideal para tablas de surf.”
Jon Knocker · Shaper, KNOCKER Surfboards · Septiembre de 2016
Dos tablas de surf de paulownia terminadas, apoyadas en un campo

Dos tablas terminadas con la madera de aquel primer pedido.

Shaper lijando a mano una tabla de paulownia en su taller

El taller donde se construyeron. A mano, de una en una.

Diez años después, con la madera ya resuelta, eso es exactamente lo que hace WOODKIT. No es un cambio de rumbo: es volver al primer cliente, esta vez con capacidad para servirle.

The Life of a Paulownia Tree Grabado hace trece años, cuando esto todavía era una plantación esperando su momento. 466.679 visualizaciones.

260–290 kg/m³

Densidad técnica

8–10 %

Humedad objetivo

Láser

Corte y grabado

Desde entonces

De aquel pedido salieron muchos más. A lo largo de estos años esta madera ha llegado a cientos de constructores que han fabricado cientos de tablas de surf: en el garaje o en un taller, de una en una.

No es y no ha sido un viaje fácil. Tratar de introducir una alternativa mucho más sostenible que el poliuretano actual y que además pueda competir en prestaciones tan solo se puede hacer a mano, sin proceso industrial.

Todas y cada uno de las personas que ha construido tablas de surf de madera sabe el esfuerzo y la dedicación que se requiere, incluso antes de empezar: encontrar disponibilidad de la madera adecuada y tiempo para su preparación. Seleccionar, dimensionar, calibrar, unir, cortar. La parte que no se ve, que no suele ser el oficio de nadie y que decide si la tabla sale o pasa a ser un proyecto personal secundario o de futuro.

Eso es exactamente lo que resuelve WOODKIT.PRO. Lo que llega a tu taller es una sola caja con todo lo que se necesita para construir. Tal vez así los proyectos secundarios se convertan de nuevo en prioritarios y acabemos construyuendo muchas más tablas de surf de madera que, en resumen, acabarán en nuestras aguas.


Veinte años para cultivarla.
Unos días para convertirla en tabla.

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